Spanair fue adquirida por un grupo de empresarios catalanes con créditos públicos a bajo interés en 2009, con la intención de reflotarla y convertirla en la línea aérea de la Cataluña nacionalista. Desde un primer momento, el coste en inversiones, créditos y ayudas de todo tipo, fijados en más de 400 millones de euros permitió intuir que esta compañía sería un completo fiasco, mantenido sólo por la obsesión nacionalista enfermiza, indiferente al gasto cuando éste se hace con dinero de los contribuyentes. Se dijo en su momento que esta compañía "no costaría ni un euro " a los catalanes, pero la factura no deja de crecer y crecer.. Para todos menos para su incompetente gestor, el nacionalista Ferrán Soriano, el antaño delfín de Laporta, colocado por su ideología en la cúspide de la empresa a la que sólo ha utilizado para enriquecerse: Así, su primera decisión al frente de la misma fue que el "premio" al final de año del Consejo de Administración -Soriano y su vicepresidente- pasaría de los 43,000 euros de los anteriores directivos a los 450.000...
Hace unos meses publicamos un artículo de Porta Perales sobre el tema que desgraciadamente sigue teniendo plena validez:
Conviene preguntarse por qué la compañía SAS -antigua propietaria de la aerolínea- se desprende de la mayoría de Spanair asumiendo una deuda de quinientos millones de euros y las responsabilidades derivadas del trágico accidente de Barajas. Pues, porque Spanair es una empresa ruinosa y sale a cuenta librarse de ella aunque sea pagando la deuda contraída. Otra pregunta: ¿por qué el gobierno y el empresariado baleares han renunciado a la compra de una compañía que tenía la sede social y la base de operaciones en Palma de Mallorca? Pues, porque intuyen que será muy difícil reflotar Spanair. Un par de preguntas más: ¿por qué al empresariado catalán le ha costado tanto financiar la operación de compra? ¿Por qué la entidad financiera más potente de Cataluña se ha quedado fuera de la operación prometiendo, a lo sumo, un apoyo exterior todavía por definir? Pues, porque uno y otra desconfían de la rentabilidad de la línea aérea.
Llegados a este punto, no resulta difícil percibir el riesgo del que hablábamos antes: Spanair puede quebrar antes o después y pocos están dispuestos a avalar el desastre con dinero de su bolsillo. En cualquier caso, algunos empresarios -¿por convicción? ¿para congraciarse con el poder? ¿para no ser tildados de antipatriotas? ¿por la promesa de créditos oficiales a bajo interés?- sí avalan la operación. Y quienes también la avalan -con dinero público- son el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat.
¿Merece la pena mantener a flote una empresa ruinosa sólo para mantener el prestigio empresarial de sus directivos nacionalistas? ¿Se da cuenta el ciudadano que mientras se recortan prestaciones sociales la Generalitat sigue despilfarrando sin problemas en cuestiones identitarias como es esta línea aérea?
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